Maximiliano Montenegro es periodista y economista recibido en la Universidad de montengegro2Buenos Aires. Conduce “Plan M” desde 2011 y un programa de lunes a viernes, de 21 a 22, por Canal 26. También se lo puede escuchar a lo largo de la semana en Al Máximo, por Radio Latina (FM 101.1). Además, es columnista económico en Radio Continental, con Fernando Bravo y en LT2 de Rosario, con Alberto Lotuf, así como en el diario El Cronista Comercial. A los 45 años suma una amplia trayectoria en los medios de comunicación. Incluso incursionó en la escritura, al publicar en marzo de 2011 «Es la Ekonomía estúpido. La historia secreta de decisiones, trampas y falacias del kirchnerismo», que vendió más de 10.000 ejemplares. Montenegro en primera persona, con un análisis económico claro que pone el foco en la coyuntura actual y en la que viene.

 

¿Cómo observa el momento económico del país, de cara a las elecciones presidenciales?

Sostengo, desde hace rato, que el modelo económico productivo, aquel que tuvo gran éxito porque generó millones de puestos de trabajo, hasta 2007 con baja inflación y con altísimas tasas de crecimiento, del 8 o 9 por ciento anual, ya desapareció. No está más.

En una segunda etapa del kirchnerismo, entre 2007 y 2011, apareció la inflación, aunque todavía se mantuvieron las tasas de crecimiento y hubo baja generación de empleo. La inflación lo que hizo fue comer las bases del modelo económico. Por eso, en la última etapa, desde 2012 hasta ahora, estamos en un modelo económico que tiene prácticamente estancamiento, en niveles altos. Si bien no se ha destruido lo que se creció antes, la economía está detenida creciendo en promedio 0 y 1 por ciento en los últimos tres años. A esto se suman altísimas tasas de inflación, con un promedio superior al 25 por ciento, con el pico del año pasado que alcanzó al 35-38 por ciento. Con nula generación y destrucción de empleo.

El modelo se autosustentaba porque generaba los dólares a través de la exportación y esos dólares genuinos permitían, por un lado, desendeudarse y por otro, crecer, financiar a la industria y crear puestos de trabajo. Ese modelo productivo se agotó básicamente, desde mi punto de vista, por la inflación que se comió la competitividad del peso.

Es decir, el dólar alto  que tenía y que permitía exportar y competir con las importaciones ya no existe más y la Argentina está, en los últimos tres años, en un proceso en el cual, además de estancamiento y de la inflación, ha superdevaluado su moneda.

Algo golpea a la credibilidad de una política económica, sino también de cualquier gobierno. Hace tres años la Argentina tenía un dólar a $4 y hoy está a $9, aunque todo el mundo asegura que es imposible que se mantenga en ese precio. De hecho es cierto, por eso existe el cepo, que si se abriera el dólar estaría a $10 u $11, que es a lo que lo vende el propio Banco Central a un sector de la población al que autoriza con la AFIP.

Entonces la Argentina ha superdevaluado su moneda y, sin embargo, eso no le permite volver a crecer, tener exportaciones que crezcan, competir con las importaciones, porque la inflación todo el tiempo se come esa suba del dólar. Es decir que son devaluaciones que antes de que subiera el dólar se produjeron por la devaluación del peso frente a los productos que compramos, el valor del poder adquisitivo. Y eso ha generado un círculo vicioso donde todos los dólares que ingresan en esta economía la gente los atesora y se los lleva, no porque haya declaraciones más o menos altisonantes de los dirigentes políticos o de Clarín, sino porque en cualquier economía donde la inflación se come el poder adquisitivo de tu moneda, se busca el refugio en la moneda dura y esa moneda es el dólar.

Lo que logró el Gobierno es pasar del modelo productivo al modelo de estabilidad financiera. Eso lo consiguió después de un ajuste importante del año pasado, con la devaluación brusca, la suba de la inflación del 25 al 35 por ciento, con una caída en el nivel de actividad del 2 por ciento y con destrucción de puestos de trabajo. A partir de ahí, el Gobierno logró estabilizar la situación financiera fundamentalmente porque consiguió dólares en China, que es lo que le permite compensar la caída de reservas que provoca la venta de dólares para controlar el dólar paralelo. Y en los mercados financieros porque está lleno de dólares el mundo y la Argentina sigue siendo un país muy atractivo a partir de que coloca un título al 9 por ciento.

Hoy la rentabilidad que da  Bolivia es del 4 por ciento para inversores extranjeros. Con lo cual hay inversores especulativos que están dispuestos a prestarle al país, no importa los problemas que tenga, porque tiene una rentabilidad del 9 por ciento, más del doble que Bolivia y Argentina no es Bolivia. Es un país que, en perspectiva, puede ser mucho mejor. Con todo eso se ha conseguido la estabilidad financiera.

 

¿Y qué habría que hacer después de diciembre a partir de este escenario?

Me parece que habría que volver a un modelo productivo. Es decir, este es un modelo que te permite llegar hasta diciembre con el dólar controlado, que es el ancla histórica. Lo hizo Menem, lo hizo el Gobierno antes de la devaluación y lo vuelve a hacer ahora para frenar la inflación. Para desacelerarla. Pero en algún momento, si se quiere volver a tener competitividad, industria, economía regional, puestos de trabajo y demás, se tiene que reconstruir el modelo productivo. Nadie tiene claro cómo se lo hace y ese es el desafío a partir de diciembre.

El Gobierno consiguió, anclando el dólar, desacelerar la inflación, anclar las expectativas de que hasta fin de año no habrá una devaluación y, sobre todo, seguir apostando al consumo. Que haya dinero en la calle para favorecer el consumo. Si bien no es el mismo de 2013, 2011 o 2007, este será un año mucho mejor al año pasado en el que hubo un fuerte ajuste de la economía, donde el consumo de alimentos bajó un 2por ciento,  27 por ciento la venta de autos o 20 por ciento la venta de electrodomésticos. Los alimentos cayeron por primera vez en diez años.

 

montenegro_maximiliano.jpg_1328648940Entonces, en el corto plazo, en lo micro, ¿se puede decir que luego del ajuste estamos frente a factores positivos de la economía que podrían favorecer al oficialismo?

Hoy hay un escenario económico donde claramente la economía termina jugando a favor del oficialismo. Así como el año pasado hubiese sido un desastre desde el punto de vista electoral. La gente ahora, por lo menos, siente que volvió al régimen anterior. Una economía con inflación del 25 por ciento se puede aguantar, hay un nivel de empleo alto  -aunque no se crearon nuevos puestos, este año ha cesado la destrucción de empleo- hay  recomposición del consumo en el supermercado, en los alimentos y demás, lo que marca que es un año mejor que el anterior. Este contexto es lo mejor que le puede pasar al oficialismo. Este es el primer año, desde 2012, en el que no se está devaluando. Se frenó la devaluación, se ancló el dólar, se trata de desacelerar la inflación y que se le dé una estabilidad, nuevamente, a la economía. Se puede hacer porque este Gobierno está hasta diciembre y está la expectativa de que va a haber otra cosa distinta. Sea de (Daniel) Scioli o de (Mauricio) Macri. Todo el mundo sabe que no se podrá mantener un año más la estabilidad con el dólar a 9 pesos.

El Gobierno (Nacional) va a gastar este año 6.000 millones de dólares en venta de dólar ahorro, autorizado por AFIP, para mantener el dólar paralelo debajo de los 12 pesos. Eso lo puede hacer porque tiene 5.000 millones de dólares que tomó de crédito con China y otro tanto que va a emitir de deuda en el mercado internacional. Pero no es sostenible en el tiempo. Hay un escenario de estabilidad financiera y este es el gran logro en el último año del Gobierno.

 

¿Cuál es la situación con los fondos buitres?

La Argentina tiene un problema: que tiene un fallo en contra en Estados Unidos, ratificado por todas las instancias judiciales, que dice que el país tiene que pagar 1600 millones de dólares a un grupo de fondos buitres que han hecho ganancias extraordinarias si se les paga con ese fallo. Sobre eso se han adosado otros 5.200 millones de dólares más, de los “me too” (yo también) que son los bonistas que no entraron en el canje de deuda y que dicen que quieren cobrar en las mismas condiciones que los buitres.

El juez (Thomas) Griesa los aceptó. Cristina (Kirchner) dice que en total, contando punitorios, intereses y lo que pueda haber todavía en Estados Unidos y Europa, van a ser 20 mil millones de dólares. Por ahí es menos, hay algunos que dicen que son 10 millones de dólares. Lo concreto es que está ese problema, que es un obstáculo, que es totalmente injusto y lo que sea, pero son las leyes del capitalismo. Y como Estados Unidos es el principal mercado financiero del mundo, no se puede conseguir financiamiento y crédito barato si se tiene en contra el fallo de un tribunal de Nueva York.

Uno puede conseguir financiamiento, por ejemplo, si no le paga al Club de París. Pero Cristina creyó que había que pagarles porque eran las reglas del capitalismo. Por eso fue, y desde mi punto de vista, de manera inexplicable arregló pagar sin quita y con todos los punitorios un total de 9.700 millones de dólares. Y no entró un solo dólar desde entonces. Puede ser que haya sido inexorable negociar con ellos porque, de lo contrario, no iban a llegar inversiones.

Pero se le pagó sin quita ni negociación, lo cual abre un precedente complicado porque la Argentina le hizo quita a todos sus acreedores privados. Ahora Griesa quiere no le hagan quita a los fondos buitres y encima no se le hizo quita al FMI ni al Banco Mundial. Entonces los únicos que pierden son los acreedores privados que genuinamente apostaron a la Argentina y no eran buitres, ni gobiernos ni eran el FMI. Por lo tanto, como esa negociación de Cristina no bastó, en algún momento el próximo Gobierno va a tener que negociar en el tribunal de Griesa para remover el obstáculo de los fondos buitres.

Mi aspiración es que se negocie de la manera más dura posible y, a diferencia de lo que pasó con el Club de París o con Repsol, que se haga una quita importante.

¿De cuánto será? No sé, Miguel Bein, asesor de Scioli dice 30 por ciento. Otros dicen que se podría negociar más, otros menos, pero en algún momento habrá que remover ese obstáculo porque el país necesita todo el tiempo refinanciar la deuda actual, conseguir financiamiento.  No se puede  salir a emitir deuda al 9 por ciento cuando Bolivia o Chile lo están haciendo por casi un tercio anual.

Entonces,  si se hace la cuenta entre lo que se pierde al pagar más intereses porque se tiene el juicio de Griesa en contra y la cantidad de dólares frescos que se podrían conseguir, para no tener los problemas que se presentan, evidentemente Scioli o Macri tendrán que negociar.

Dependerá de quién negocie mejor por los intereses del país, pero no hacerlo implicaría emitir todos los años deuda al 9 o 10 por ciento anual en dólares que es carísimo.

 

¿Qué liderazgo intenta desarrollar desde sus funciones?

Es algo que voy aprendiendo todo el tiempo y la verdad que no es fácil. Siempre que uno maneja o está incorporado a algún grupo no es fácil encontrarle una forma de liderazgo. A mí siempre me ha costado. A veces me ha salido bien formar grupos donde he podido ejercer algún liderazgo para  conseguir los objetivos deseados y en otras oportunidades no. Es algo que voy incorporando naturalmente todos los días. Tal vez no es fácil para un periodista porque, tengo la impresión, de que la tarea, por lo menos el periodismo que ejercí siempre, es muy individualista. Todo el tiempo uno está recelando de las primicias que tiene el otro.

Constantemente se está buscando la nota con la que uno se pueda diferenciar. Nunca me gustaron las conferencias de prensa porque sentía que preguntar delante de todos era revelar las cartas al resto. Por eso prefiero las notas individuales para poder sacarle más el jugo. Esa pasión por el periodismo, que en cierto punto tiene algo de egoísmo, que responde a los gajes del oficio, puede atentar contra la conformación de grupos.

 

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