cachitoSergio «Cachito» Vigil es sinónimo de hockey y de gran conducción. Como entrenador de Las Leonas, entre 1997 y 2004, el seleccionado femenino cobró gran popularidad, obtuvo varias consagraciones y logró cautivar a muchísimos nuevos seguidores. También dirigió al seleccionado masculino y, anteriormente, había defendido los colores como jugador. Ahora es coordinador de hockey en River Plate y dirige a Las Vikingas, el equipo femenino de la institución. También brilla dando charlas de motivación e inspiración.

 

 ¿Cómo hicieron Las Leonas para convertir al hockey en un deporte de referencia nacional?   

Teníamos un sueño. Que el deporte que amábamos, que nos hacía crecer y aprender cada día, pudiese salir al mundo. Y pudiese crear el espacio para que otros también se enamoren de éste. Ese era nuestro sueño. Que alguna vez pudieran sacarse un paquete turístico hacia algún lugar del Planeta para vernos entrenar. Porque creo que la fiesta comenzó en el entrenamiento. Ahí se empezó a gestar todo. Lo demostrado en la competencia fue la consecuencia del disfrute en cada entrenamiento. Y se logró porque hubo muchas personas, desde hace muchos años atrás, que fueron padres de familia, entrenadores, jugadoras y dirigentes que sembraron una semillita, que fue germinando… y yo tuve la suerte de encontrarme en el lugar adecuado, en el momento preciso, con jugadoras de un talento deportivo impresionante. Pero por sobre todo, de un talento de entendimiento de vida superior.

 

Si bien las jugadoras del seleccionado tenían hambre de gloria,  ¿cómo les habló para sacarles el máximo rendimiento a la hora de la competencia?

Creo que, fundamentalmente, más que hablar hay que escuchar mucho. Escuchar ese latido interno que cada persona tiene, y el equipo mismo, de las ganas de ser. Escuchar a su ser. Escuchar sus capacidades y poder abrirles la puerta para que puedan ir a buscar lo que tanto anhelan.

Entonces, primero escuchar y hablar después de escuchar. No al revés. Porque un sueño en común, primero se construye escuchando a las personas que lo componen. Y a partir de esa escucha, diseñar una estrategia para darle lugar a eso que pretendía el equipo. El equipo pretendía poder ganar un campeonato muy importante: el de la vida. Y ese campeonato lo querían ganar todos los días. La consecuencia, quizás, fueron los campeonatos mundiales deportivos. Pero el gran sueño de las chicas era ganar cada día confianza, respeto, reconocimiento propio y del compañero y valor. Valor en esta vida.

 

Usted pregonó con el ejemplo a sus jugadoras y en octubre de 2002, en un amistoso contra Alemania que terminó en derrota Argentina por 2 a 1 en la previa del Mundial de Australia, le comunicó al árbitro que la bocha había entrado y así se convalidó el gol que anteriormente el juez no había percibido. ¿Cómo opera el ejemplo en los pupilos de uno?

No entiendo a la vida ni a la conducción de un equipo sin primero dar el ejemplo. Lo que no quiere decir que ese ejemplo todos los días deba revisarse y deba tener crecimiento. Un ejemplo de autenticidad entre lo que se dice y lo que se hace. Y también pido a los equipos que en el momento en el que yo no pueda predicar con el ejemplo me lo hagan saber. Y que si vuelve a ocurrir me puedan dar licencia e incluso si se repitiera que me inviten a retirarme.

 

¿Qué le aportó el coaching a su capacidad de liderazgo?

Me permitió que todas las emociones que sentía cuando dirigía equipos, todas esas estrategias que buscaba desde la validez del ser, pudieran tener un nombre. El coaching le dio nombre a un montón de cosas que me habían pasado en la vida con los equipos y, al darle nombre, puedo actuar, quizás ahora, de manera más eficaz.